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Una manita de gato… para mi madre y mi abuela Rosa María, nuestra ñomá

ManitaGato
Mis artículos favoritos, labial rojo y perfume.

Darse una manita de gato en México y, seguramente, en más países de Latinoamérica significa arreglarse un poco, especialmente cuando careces de tiempo. Te haces un peinado sencillo o te maquillas un poco.

Desde que tengo memoria recuerdo despertarme por las mañanas y ver a mi madre, quien es la primera en levantarse en mi casa, con los tubos en el pelo y ya con un poco de maquillaje puesto. Previo a ello mi madre ya había salido a caminar o, como ella dice, «a darle unas vueltecitas al parque» que hay detrás de la casa. Después del desayuno y cuando nosotras nos íbamos a la escuela, ella terminaba de arreglarse, se quitaba los tubos y se amoldaba el pelo hasta que le quedase como le gustaba, se ponía unos pasadores (broches) y finalmente spray fijador de cabello (laca). Y a pesar de que mi madre es la persona que más trabaja, ella siempre está peinada y maquillada.

Esta costumbre la heredó de su madre Rosa María o Doña Rosita, como le decían en la vecindad, y a quien nosotras llamábamos cariñosamente ñomá porque no le gustaba que le dijéramos abuela y mucho menos abuelita. Mi madre también heredó de mi abuela las manos con dedos largos y uñas largas que siempre llevaban pintadas. Mi ñomá falleció cuando yo tenía 20 años de edad por complicaciones de la diabetes. Y aún en esta situación, de las memorias que tengo de ella es que era muy bonita y vanidosa, siempre vestía de colores claros y lo primero que hacía al despertarse era arreglarse para empezar el día.

Yo solía pensar que mi madre y ñomá eran muy vanidosas porque que no querían que nadie las viera desarregladas, como decía la canción antes muertas que sencillas. También pensaba que yo en su lugar preferiría dormir un poco más y arreglarme después. Y aunque a partir de los 15 años en mi casa me permitieron usar maquillaje, yo me ponía sólo lo básico para el diario: polvo compacto ó de arroz, máscara de pestañas, delineador de ojos y cejas (porque tengo pocas cejas), rubor y labial. En algunas ocasiones decía: -¡qué pereza! hoy no me pondré nada de maquillaje. Pero nada más subirme al coche con mi madre ella me decía: -hija, ahí en la bolsa tengo polvo y una pintura de la boca, hay que darse una arregladita siempre (la manita de gato).

Ahora que soy madre, no tengo nada de tiempo para arreglarme y siempre llevo ropa de estar en casa (ropa vieja), en pocas palabras, a mi parecer ando siempre fea. Así que cansada de esta situación, empecé a buscar en internet ropa bonita y cómoda para estar en casa. Y entre la búsqueda, di con un blog donde daban tips sobre cómo vestirte para estar en casa, uno de esos tips decía algo como: arréglate un poco por las mañanas, que cuando eres madre ya no dispones de tiempo para ti, así que date unos 15 minutos  antes de que empiece el día.

Y fue hasta entonces que comprendí el motivo de porqué ñomá y mi madre se arreglaban y maquillaban desde temprano. Se daban su manita de gato antes de que nos despertáramos porque era el único momento del día que lo dedicaban a ellas mismas, ya que lo restante del día lo dedicaban a nosotros. Mi madre lo sigue haciendo, sigue dedicando su vida y su tiempo a sus hijas y nietos, a quienes mima y adora más que a nada en este mundo. Ahora ella es mamá Lucy para sus nietos.

Me llamo Teresita y mi esposo Juan Pablo. Somos padres primerizos de nuestro pequeño Torbellino que nació en septiembre de 2017. Ahora también soy Blogger debutante.

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