Historias

Perfume de Bebé

Perfume

Uno de los olores que más me gusta es el olor a bebé porque su fragancia me produce ternura. En las tiendas se puede encontrar todo tipo de productos para el aseo y el cuidado de la piel del bebé: shampoo, jabón, gel de ducha, cremas corporales, lociones, fragancias, aceites para limpieza, talcos, etc., y creo que a muchos nos gusta el olor a bebé porque también he encontrado cosas como suavizante de ropa con olor a talco y hasta ¡fregasuelos! Este último me acerqué a olerlo y efectivamente olía a talco para bebé como su nombre lo indicaba.

Yo siempre había dado por sentado que ese olor tan bonito se los daba alguno de los productos que usábamos combinado con su fragancia natural.

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Tengo muy presente cuando mi sobrino mayor, quien entonces tenía 8 o 9 meses de nacido, se fue con sus padres a vivir a otra ciudad y sabía que lo echaría terriblemente de menos. El día de su partida lo cambié de ropa antes de irse al aeropuerto y el cambio “sucio” lo guardé. Era una sudadera azul celeste con el dibujo de un osito y un pantalón a juego azul celeste también. Todas las noches sacaba la ropita y me acercaba a olerla, suena tonto pero de alguna manera me seguía sintiendo cerca de él. Un día el olor ya no estaba y sentí mucha tristeza.

Varios años después yo me convertí en madre y mientras estaba en el hospital, tanto el pediatra como la Hebamme (matrona) nos dieron indicaciones que fueron unánimes: bañar al niño solamente con agua, si acaso, ponerle unas gotitas de jabón sin perfumes, sin alcohol y sólo de vez en cuando (1 vez a la semana) y no usar bajo ninguna circunstancia talcos ni perfumes, los bebés no los necesitan.

Recuerdo que lo primero que pensé fue: casi no va a oler a bebé. Para mi sorpresa no fue así, mi bebé olía y sigue oliendo de forma maravillosa.

No sé explicar con palabras el olor de mi sobrino ni el de mi bebé. La única forma que se me viene a la mente es la parte de un libro que leí hace muchos años. No tiene absolutamente nada que ver con bebés pero sí con olores. El libro se llama “El Perfume, historia de un asesino”, quise leerlo porque soy amante de los perfumes (ya saben qué me pueden regalar, guiño, guiño). Cito la parte donde una nodriza está intentando describir a un cura cómo deberían oler los niños de pecho (bebés):

“No es fácil de decir porque…. porque no huelen igual por todas partes, aunque todas huelen bien. Veréis, padre, los pies, por ejemplo, huelen como una piedra lisa y caliente… no, más bien como el requesón… o como la mantequilla… eso es, huelen a mantequilla fresca. Y el cuerpo huele como… una galleta mojada en leche. Y la cabeza, en la parte de arriba, en la coronilla, donde el pelo forma un remolino, -¿veis, padre?, aquí, donde vos ya no tenéis nada… – y tocó la calva de Terrier, quien había enmudecido ante aquel torrente de necios detalles e inclinado, obediente, la cabeza -, aquí, precisamente aquí es donde huelen mejor, se parece al olor del caramelo, no podéis imaginar, padre, lo dulce y maravilloso que es. Una vez se les ha olido aquí, se les quiere, tanto si son propios como ajenos. Y así y no de otra manera, deben oler los niños de pecho”.

Así que ahora me acerco a oler la cabecita de mi hijo y le digo: ¡Mi vida, tienes el olor más maravilloso que cualquier perfume que pueda existir!

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