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Nuestras primeras vacaciones

Ljubljana
En el centro de Ljubljana, Eslovenia

El día que empecé a escribir este post nos encontrábamos en la ciudad de Ljubljana, Eslovenia. Considero este viaje como nuestras primeras mini vacaciones, porque aunque ya habíamos ido a Granada un par de veces con el bebé, esta vez fuimos los tres solitos a un sitio completamente nuevo para nosotros. En el post del día de hoy, más que describir la ciudad a la que fuimos, me gustaría resaltar cualidades que muchas veces dejamos olvidadas: amabilidad y empatía, que debo decir, nos hicieron el viaje mucho más llevadero, porque quien viaja con niños sabe que no es nada fácil. Para empezar, las preocupaciones más comunes que siempre tenemos son que al bebé le vayan a doler los oídos o la cabeza durante el viaje, que lo pase mal y llore durante todo el vuelo, que con el cambio de clima se vaya a poner malo y la lista puede continuar y continuar. Además, el niño tiene sus ritmos y le puede dar hambre o sueño, por ejemplo durante el embarque al avión. Si necesita que le cantes o que lo pasees para dormirse, la cosa se complica. En definitiva, muchas veces las situaciones no son las propicias para atender sus necesidades y hay que ingeniárselas para hacerlo lo mejor posible.

La aventura comenzó desde antes de viajar porque era importante llevar todo lo necesario para el bebé y no sólo me refiero a la ropa. Para nosotros lo más importante era llevar la leche del bebé (suficiente para todo el viaje, por si en Eslovenia no vendían el mismo tipo), sus cereales, medicamentos por si se llegara a poner malito o sentir mal, algunas papillas, etc. Al final era el que más cosas llevaba, facturamos dos maletas medianas para 5 días que duraba nuestro viaje: una solita para las cosas del bebé (más el carrito y la pañalera) y la otra maleta para las cosas de Juan Pablo y mías. Hay que ver que ahora sí tengo que empacar LO ESTRICTAMENTE NECESARIO, no que antes empacaba unos tacones y ropa extra “por si acaso”… pero esta vez no llevaba ni un calcetín extra.

La peor parte para mí fue el vuelo de ida, empezando porque no nos dejaron reservar nuestros asientos online. Al llegar al mostrador de la aerolínea me asignaron el asiento 38E y a Juan Pablo le iban a asignar el asiento hasta que fuéramos a la puerta de embarque. Entonces supimos el motivo de que no nos dejaran reservar online: había overbooking en el vuelo Düsseldorf-München.

Yo soy de las personas que reserva asiento lo más adelante posible y, si se puede, en ventanilla. Al subirme al avión y darme cuenta de que íbamos mi hijo y yo hasta la última fila y en el asiento de en medio se me fue el alma a los pies y, como ya iba estresada, no pude evitar que se me saltaran las lágrimas pensando en que lo íbamos a pasar mal. Oiríamos el ruido de la turbina durante todo el vuelo, sentiríamos más el movimiento y, al ir sentados en el asiento de en medio, no iba a poder moverme ni medio milímetro. Así que a como pude puse la pañalera en mis pies y la chica que venía a mi lado se ofreció a sostener a mi bebé mientras yo me ponía el cinturón de seguridad. También se ofreció a ponerle videos al bebé en el iPad que ella llevaba para ver películas, pero yo se lo agradecí de todo corazón y le dije que no se preocupara por eso, que yo llevaba cuentos y juguetitos para entretener a mi niño. Bastó un destello de amabilidad para que yo me empezara a sentir mejor. Y mi bebé nunca deja de sorprenderme, no lloró durante el despegue del avión y le sonreía a las personas que iban al otro lado de la fila. El otro chico que venía sentado en mi fila cambió de asiento con mi esposo y así pudimos ir los tres juntos. 

En el vuelo München-Ljubljana el bebé iba demasiado cansado y lloró los últimos 15 minutos de vuelo, tal vez fueron menos pero a nosotros se nos hizo eterno. Juan Pablo y yo hacíamos todo lo posible por tranquilizarlo y los señores (una pareja) que venían sentados detrás de nosotros, con empatía nos dijeron: -es su derecho a llorar y protestar porque ya está cansado, no te preocupes por los demás, lo importante es que él esté bien-. Y se tranquilizó pero seguía molesto. No fue hasta que íbamos en el taxi de camino al hotel que entre el cansancio, las luces apagadas y que le di el último biberón de la noche, se quedó dormido y pudo finalmente descansar y, aunque tiene el sueño ligero, esa vez no se despertó para nada cuando lo bajé del taxi, lo puse en el carrito, lo bajé, lo cargué para subirlo a la habitación, etc… él siguió dormido hasta la mañana siguiente (algo que nunca ocurre).

Y ahora viene la parte donde sigo describiendo la amabilidad. En el hotel nos hospedaron en una habitación de la primera planta para que no tuviéramos problemas al subir y bajar escaleras (no había ascensor) y en una de las pocas habitaciones que contaban con bañera para que pudiéramos bañar al niño cómodamente, nos dijeron.

Además cada vez que salíamos nunca faltaba alguien que se acercara a decirle “hola” y regalarle una sonrisa a nuestro hijo. Él algunas veces correspondía con otra sonrisa y otras se quedaba mirando muy atento; otro día fuimos a comprar un helado y el chico nos regaló una probadita de helado en un cono para el bebé y en los restaurantes nos buscaban un sitio donde pudiéramos colocar el carro. Otro día nos regalaron una manzana. En la cafetería a la que íbamos a desayunar casi cada mañana, siempre nos preguntaban si necesitábamos algo para el bebé, agua o lo que sea, así que uno de los días les pedí de favor si  podían calentar un poquito la leche que llevaba para prepararle los cereales.

Mi hijo siempre se mostraba interesado por las cosas que había a su alrededor. Se acercaba a ver los gorriones y las palomas y no les quitaba los ojos de encima. Fue en este viaje cuando se mostró más interesado en caminar y desde entonces el parquecito que tenemos en casa se ha quedado pequeño para él (el parquecito mide 1,55 x 1,55 m) y ahora se la pasa caminando por toda la casa, abriendo y cerrando cajones y sacando las cosas que hay en ellos (las permitidas) ¡hay mucho por explorar!

Me llamo Teresita y mi esposo Juan Pablo. Somos padres primerizos de nuestro pequeño Torbellino que nació en septiembre de 2017. Ahora también soy Blogger debutante.

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